Cena

Hoy he sufrido en mis carnes algo que no me atrevo a reconocer. ¿Para qué sirve lo que sé? Sé más que la media de logística, pero eso no impresiona a nadie. Saber mucho de algo de lo que nadie sabe exactamente qué es, no parece un mérito muy grande. En la cena alguien me ha preguntado para qué servía lo que yo hacía. Le he echado la culpa al ruido para defenderme de que no podía responder categóricamente.  

La mercancía se mueve por el mundo en paletas (tarimas de madera) o en container metálicos. En los almacenes las paletas suelen romperse. En donde compramos no se ven, sino cajas y/o unidades. Cuando un almacén tiene que servir 15 cajas de un producto podemos tenerlas, pero tal vez tengamos una paleta de ese producto (y transformar una paleta en cajas no es trivial; ni te cuento si nos piden unidades). 

En general los almacenes son de tamaño grande y el personal que trabaja en ellos hace mucho menos de lo que esperamos y nos resultará difícil demostrarlo.

Si no nos andamos con cuidado nos robarán la mercancía y tampoco sabremos cómo lo hacen.

Si preguntamos cuánto tenemos de algo obtendremos una respuesta aproximada. Si nuestra pregunta es dónde lo tenemos nos encontraremos malas respuestas. Igual que si preguntamos qué tenemos en un hueco, sobre todo si al responsable se le ha ocurrido irse de vacaciones.

Es fácil que para servir algo que tenemos, tengamos que comprarlo de nuevo, con el coste que esto supone, o perder la venta o tardar en servirlo. Nos cuesta tiempo encontrar lo que necesitamos.

He dedicado mi vida a hacer que todas estas cosas no pasen o hacer que pasen lo menos posible. Eso me ha convertido en un experto en gestionar almacenes. Eso es lo que hago. Si el departamento financiero de una empresa se apoya en contables éste se apoya en una aplicación contable, los almacenes se apoyan en mí y en los sistemas que instalo (SGA-WMS).

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